martes, 9 de agosto de 2011

Una hermosa velada

El lunes 11 de julio algunos integrantes de Coral Ex Corde compartimos una magnìfica velada en el Teatro Colòn, gracias a los buenos oficios de nuestro compañero Gabriel, el cual nos consiguiò entradas para la funciòn del Estudio Coral de Buenos Aires, la prestigiosa agrupaciòn dirigida por Carlos Lòpez Puccio.

Estreno argentino de la obra de Ligeti: Vàsar,Nº 3 de Magyar Etüdok(1983)

Transcribo la Nota del diario La Naciòn:

PROGRAMA: TROIS CHANSONS DE CHARLES D'ORLEANS, DE DEBUSSY; AVE MARIA (EN SI B) Y AVE MARIS STELLA , DE LISZT; FRIEDE AUF ERDEN , DE SCHÖNBERG; LE CHANT DES OISEAUX , DE JANNEQUIN; VASAR (Nº 3) DE MAGYAR ETÜDÖK, HORTOGAGY; KALLAI KETTÖS , DE LIGETI, Y THE PEACEABLE KINGDOM , DE THOMPSON ORGANIZA: FESTIVALES MUSICALES SALA: TEATRO COLON.


Nuestra opinión: excelente



El Estudio Coral de Buenos Aires que dirige Carlos López Puccio es un milagro argentino. López Puccio es su corifeo. Y es él quien, con inspiración de taumaturgo, de auténtico mago, obra prodigios de musicalidad con sus treinta intrépidas voces. Es pertinente -y hasta ineludible- que la noche triunfal para la celebración de sus treinta años de prestigiosa trayectoria ocurra en el más célebre escenario: el Teatro Colón.

Es que nuestro querido Estudio Coral honra soberanamente a la cultura de este país.

Y somos privilegiados de poder ratificar otra vez, por el repertorio escogido para este encuentro, la portentosa ductilidad estética y estilística de este maravilloso instrumento de treinta cuerdas, al transmitir las más disímiles manifestaciones de la música coral.

López Puccio, a sugerencia de Festivales Musicales, nos permite disfrutar intensamente del acotado repaso de alguno de "sus clásicos": como las creaciones que arrancan en el Renacimiento (Jannequin), que atraviesan el Romanticismo (Liszt) y el Impresionismo (Debussy), y que desembocan en un contemporáneo (Randall Thompson) y el ultra vanguardista György Ligeti. "Música de nuestro tiempo", la llamó el iconoclasta y lapidario Juan Carlos Paz en su enjundioso libro homónimo. De allí que este festejo es un luminoso acontecimiento en nuestra vida musical

Fuera de serie

Infinidad de ditirambos viene cosechando, desde sus comienzos, nuestro Estudio Coral.
No los repetiremos en este glorioso cumpleaños. Más importa dar razones de su singularidad, de su condición de grupo coral fuera de serie, comparable en el plano internacional a los grandes coros de cámara del mundo: el RIAS, de Berlín, el de Radio Nacional de Dinamarca, el Vocalensemble de Stuttgart o el Accentus francés, entre los más ilustres. Grupos, éstos, altamente rentados por sus respectivos países o que cuentan con fuerte sostén de fundaciones culturales privadas. De esta suerte, sus integrantes pueden dedicarse de lleno al canto grupal.

No ocurre así con el Estudio Coral, que asumió como misión artística -sin recibir jamás el apoyo externo del Estado o de algún oportuno mecenas- el cultivo de las creaciones de la más atrevida vanguardia del siglo XX con un superlativo nivel de excelencia.

Vanguardia es innovación, audacia, heterodoxia. Como las temibles -por desafíos melódico armónico-rítmicos-, obras de Messiaen, Poulenc, Pendedecki, o el propio Ligeti, asumidas por López Puccio y su coro. Y será ocioso hablar de afinación, articulación, fraseo, dicción, matices, homogeneidad sonora y demás requisitos exigidos a los buenos coros. Porque el Estudio Coral, con integrantes de alta calidad profesional (cantantes solistas y directores de coro) y en una dimensión difícilmente accesible por su excelencia, es fruto del tesón y la energía espiritual de López Puccio y sus treinta cantantes cómplices. Este es el milagro. Porque por contagio los une el gran amor por la música. Amor que dicta la pasión. Y pasión que se traduce en el arduo trabajo de ensayos de re-creación colectiva por el puro placer de entregarse a tanto desafío.

"Por sus frutos los conoceréis", dice el Evangelio. En esta noche del Colón nos han regalado el delicioso y refinadísimo Debussy de las Tres canciones de Charles d'Orleans ; el Liszt de cálida unción religiosa para cantarle a María del anuncio del ángel Gabriel y al de la letanía; el Schönberg como desprendimiento del cromatismo hacia la paulatina disolución armónica del atonalismo de Paz en la Tierra ; al gozoso y onomatopéyico Canto de los pájaros , de Jannequin; a las dos caras de Ligeti, la más delirante de su despedida con la alucinante experiencia de los cinco coros repartidos por la sala para encarar Vásár y sus intrincados pregones de feria, y el Ligeti de Hortobágy y Kállai kettös , heredero de la paleta magistral de Zoltan Kodaly, como quien ratifica que el germen de toda música reside en el folklore. Finalmente la intensa devoción de los proteicos cuadros sonoros de Reino apacible de Randall Thompson. Todo en el más inspirado y alto vuelo, para obsequiarnos tres bises: la polirritmia endiablada de un merengue venezolano (con esa guitarrita, el cuatro, incluido) y el exquisito Guastavino de En los surcos del amor y Se equivocó la paloma . ¡Insuperable. De antología!.

René Vargas Vera



1 comentario:

G4þRI€L dijo...

muy buenas la foto de las entradas! JAJA!!

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